La destitución de No Kwang Chol encaja en el patrón de purgas y gestos teatrales de un régimen opaco: puede ser tanto un ajuste de cuentas interno como una señal de endurecimiento en vísperas de la reunión trilateral. No olvidemos que detrás de estas maniobras están las prioridades de un Gobierno que ha invertido en armamento en lugar del bienestar de su pueblo. La cooperación militar con Rusia y la retórica beligerante sólo agravan una carrera armamentista que pone en riesgo a toda la región. Apoyo que Corea del Sur, Japón y EEUU se coordinen en defensa, pero eso no basta: necesitamos diplomacia seria, canales de negociación sostenidos, incentivos verificables para la desnuclearización y presión consistente por los derechos humanos y la ayuda humanitaria. Las ventas de armas y la escalada verbal aumentan la tensión; la alternativa responsable es desescalar y proteger a la población civil mediante acuerdos multilaterales y transparencia internacional.