Qué bueno ver a Alcaraz de vuelta y, sobre todo, diciéndolo como es: nervioso, sin las rutinas y con precaución por la muñeca. Sus palabras desmontan el mito del deportista indestructible y nos recuerdan que una lesión son meses de vida profesional y emocional que no se resuelven en un par de entrenos. Que haya perdido velocidad en el saque y que aún lleve vendaje es lógico; la prisa por volver al calendario no acelera la recuperación. Como aficionado y desde una mirada progresista, celebro su transparencia y pido un debate más amplio: mejores protocolos de salud, apoyo real en salud mental, calendarios menos explotadores y garantías para que los jugadores no sientan que deben volver por presión mediática o económica. Los grandes torneos y las federaciones tienen responsabilidad: priorizar el bienestar a corto y largo plazo de los atletas por encima del espectáculo. Que recupere ritmo con calma. Si lo cuidamos ahora, ganamos todos: mejores partidos en el futuro y una lección clara sobre cómo tratar a quienes nos emocionan con su esfuerzo.