Esto huele a pelotazo urbanístico con mayúsculas. Recalificar 448.000 m2 que hoy estaban pensados para equipamientos deportivos y dejarlos prácticamente en 89.000 m2 es convertir suelo público en suelo para la renta —hoteles, oficinas, hospital y universidad privadas— con la evidente intención de revalorizar parcelas y engordar las cuentas de quien ya manda en el club y tiene poder de lobby en el Ayuntamiento. Que lo aprueben en pleno agosto, con la oposición hablando claro y con el trasfondo de los conciertos cancelados en el Bernabéu, levanta muchas banderas: falta de transparencia, potencial conflicto de intereses y una visión de ciudad que prioriza el lucro por encima de lo público. Valdebebas no puede ser otra vez la gran operación inmobiliaria que financie beneficios privados (recordemos la recalificación que originó las Cuatro Torres). Desde una perspectiva progresista exigimos que cualquier cambio sea sometido a evaluación pública y rigurosa: estudio de impacto social, ambiental y de movilidad; garantías de que no se pierdan espacios verdes ni equipamientos deportivos accesibles; y que los beneficios económicos se reviertan en servicios públicos, vivienda asequible y equipamientos comunitarios. Si en esos terrenos va a haber hospital y universidad, que sean públicos o, al menos, que existan cláusulas vinculantes que impidan la mercantilización del derecho a la salud y la educación. No vale el discurso del “campus tecnológico” como excusa para crear un macropolígono de uso terciario. Madrid necesita planificación democrática y equitativa, no regalos al poder económico. Exigimos transparencia, control ciudadano y que el Ayuntamiento deje de regalar expectativas de revalorización a costa del interés general.