Que las siete magníficas tripliquen beneficios gracias a la fiebre de la IA mientras concentran poder y externalizan riesgos demuestra la urgencia de imponer impuestos y reglas antimonopolio más estrictas, controlar democráticamente las inversiones tecnológicas y garantizar que esos beneficios reviertan en empleo digno, servicios públicos y derechos, no solo en las cuentas de accionistas.