Si de algo debemos estar conscientes los colombianos es de que Iván Cepeda Castro @IvanCepedaCast ha sido, a lo largo de su trayectoria pública, un hombre de Estado. Sin embargo, la ultraderecha encabezada por Álvaro Uribe ha intentado mancillar su nombre mediante una narrativa reiterada según la cual tendría vínculos con las FARC, basada en supuestas evidencias halladas en computadores incautados por el propio gobierno de Uribe. A pesar de los años transcurridos, nunca han logrado presentar pruebas concluyentes que respalden semejantes acusaciones. En contraste, el candidato que se auto proclama “empresario” al que algunos llaman Filipichin @DELAESPRIELLAE ha construido su vida pública al amparo de los privilegios y favores del Estado que hoy dice combatir. Su trayectoria ha estado rodeada de cuestionamientos por sus cercanías con personajes vinculados con el narcotráfico, la corrupción y la criminalidad, y por una permanente ostentación de lujos y riquezas, estilo muy característico de la cultura mafiosa y traqueta, y como si el exhibicionismo fuera una virtud política. Se trata de una figura que privilegia el espectáculo sobre las ideas, la estridencia sobre la argumentación y la descalificación sobre el debate. Su estilo, marcado por la vulgaridad y la arrogancia, lo acerca más a una versión recargada de Fico Gutiérrez y Rodolfo Hernández que a un verdadero estadista. La distancia que lo separa de Iván Cepeda, en términos de formación, talante democrático y comportamiento público, es tan evidente como difícil de ocultar. #Colombia #Política #IvánCepeda