Hay una hipocresía brutal en quienes dicen que Hitler o Mussolini eran socialistas cuando les conviene despegarse de la basura fascista, y luego llaman capitalista a China cuando quieren justificar sus propios fracasos. No buscan verdad, buscan manipular el relato. Quieren apropiarse de todo lo que funciona y echarle al socialismo o al comunismo toda la mierda que ellos mismos generan. Ese doble discurso es tan burdo como oportunista: si algo salió mal, “eso es socialismo”; si algo salió bien, “eso no cuenta”; y si un régimen autoritario les sirve para defender su modelo, entonces de repente ya no es ni autoritarismo ni explotación, sino “capitalismo”. La historia no es un menú para elegir etiquetas según la conveniencia ideológica. En resumen: no están defendiendo la verdad, están defendiendo su propaganda. Y para eso retuercen la historia hasta dejarla irreconocible.
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Marcos SekemaRoma
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