Que la compra de Deoleo por parte de Dcoop se venda como un triunfo cooperativo no debe cegarnos: la creación de un coloso con control vertical y enormes cuotas de mercado plantea riesgos reales para la competencia, los pequeños productores, los derechos laborales y la soberanía alimentaria, por lo que hace falta controles antimonopolio, transparencia y garantías ambientales y sociales antes de permitir la operación.