Me llamaron “gordofóbica” en televisión. No dijeron que hice un comentario que consideraban desafortunado. No cuestionaron una frase. Me definieron a mí. Y no es lo mismo. Puedo equivocarme. Puedo expresarme mal. Puedo elegir una palabra que no represente exactamente lo que quiero decir. Y, como cualquier persona, puedo aceptar una crítica cuando corresponde. Pero NO SOY GORDOFÓBICA. Y me duele que alguien pueda colocarme semejante etiqueta públicamente, frente a una audiencia enorme, sin detenerse siquiera a mirar quién soy, qué he dicho y cómo me he comportado durante todos estos años. Llevo más de 20 años trabajando y hablando frente a una cámara. He discutido muchísimo. Me he peleado. He dicho cosas de las que después pude arrepentirme e incluso disculparme. Me han dicho de todo y yo también he contestado con dureza. Entonces, si soy gordofóbica, busquen mi historia. Busquen durante estos más de 20 años cuántas veces humillé a una persona por ser gorda. Busquen cuándo utilicé el peso de una mujer para degradarla. Busquen cuándo dije que una persona valía menos, era menos linda, menos capaz o merecía menos respeto por el tamaño de su cuerpo. BÚSQUENLO. Porque yo también quise saber si existía ese historial que aparentemente justifica que hoy se me defina de esa manera. Y no lo encontré. Lo que sí existe es una frase. Una frase en la que intenté hablar de algo completamente diferente: de la mirada del afuera, de cómo creo que muchas veces la sociedad juzga de manera distinta a las personas según su apariencia. ¿Me expresé mal? Es posible. ¿La frase pudo herir o molestar a alguien? También. Y si alguien se sintió lastimado por mis palabras, puedo entenderlo y lamentarlo. Pero una cosa es responsabilizarme por cómo me expresé y otra muy distinta es aceptar que alguien decida quién soy. NO. No voy a aceptar una etiqueta que no me representa. Porque llamar públicamente “gordofóbica” a una persona es una acusación seria. Y las acusaciones serias deberían sostenerse con algo más que la interpretación de una frase. Si después de más de dos décadas de exposición pública el argumento para definir quién soy sigue siendo aquel mismo comentario, entonces quizás no estamos frente a un patrón de gordofobia. Quizás estamos frente a una frase desafortunada. Y esas dos cosas NO SON LO MISMO. Estoy absolutamente a favor de que revisemos nuestras palabras, de que aprendamos y de que entendamos que hay expresiones que hoy pueden lastimar aunque ésa jamás haya sido nuestra intención. Pero esa responsabilidad tiene que funcionar para todos. También para quienes tienen un micrófono. También para quienes comunican. También para quienes ponen etiquetas sobre otras personas delante de millones de espectadores. Porque las palabras tienen consecuencias de los dos lados de la pantalla. No pretendo que nadie deje de criticarme. Después de tantos años en televisión sería absurdo. Lo único que exijo es algo mucho más sencillo: QUE ME JUZGUEN POR LO QUE DIJE. NO POR ALGO QUE DECIDIERON QUE SOY. Puedo aceptar haberme equivocado con una frase. Lo que no voy a aceptar es que una frase equivocada se convierta en una mentira sobre quién soy. Eliana Guercio. #Gordofobia #LibertadDeExpresión #ConsecuenciasDeLasPalabras