Comparto una reflexión que va más allá de las marcas y las pantallas. Ver cómo las redes sociales celebran con crueldad la cancelación de un programa o de un proyecto, propio o de la competencia, me resulta descarnado. Esto no es algo nuevo. Sucede de forma habitual, pero no debe dejarnos indiferentes. He vivido esa situación en primera persona y sé lo que se siente. En este mercado, el riesgo es constante y equivocarse es lo habitual; es una variable intrínseca a la creatividad. Crear exige valor, tiempo y esfuerzo. La falta de empatía hacia el tropiezo profesional ajeno deshumaniza nuestro oficio y nuestra sociedad. Un programa de televisión nunca es solo un número en el audímetro. Detrás de las cámaras hay meses de ilusión y decenas de familias de técnicos, guionistas, productores y otras muchas profesiones. Destruir desde el anonimato de una pantalla toma pocos segundos. Por eso, todo mi respeto a quienes levantan persianas cada día en la industria audiovisual, sea en la cadena que sea. Menos crueldad digital. No es buenismo: la crítica no está reñida con la humanidad. #Empatía #IndustriaAudiovisual #Creatividad


