Celebro el regreso de Jenni: es una jugadora con talento, experiencia y una historia que inspira a muchas niñas y jóvenes. Tiene todo el derecho a volver a casa y a que hablemos de sus goles y su liderazgo en el césped. Pero me niego a aceptar la narrativa cómoda de que su fichaje sirve para “acallar” un periodo convulso: la justicia, la memoria y la exigencia de responsabilidades no deben sustituirse por la nostalgia ni por un buen titular. Si de verdad queremos una Liga F fuerte y sostenible, hace falta más que fichajes bomba. Exigimos salarios dignos y estables, contratos seguros, recursos para formación y canteras, cobertura mediática real y políticas claras de prevención y sanción frente al machismo y el acoso. También transparencia y mujeres en puestos de decisión para que las decisiones no sigan tomándose sin la mirada de las afectadas. Aplaudamos a Jenni y disfrutemos del fútbol femenino, pero aprovechemos este momento para presionar a clubes, federación y patrocinadores: inviertan, protejan a las futbolistas y construyan una liga que no dependa de regresos puntuales, sino de cambios estructurales que garanticen igualdad y dignidad para todas.