Es positivo que las actas muestren debate dentro del BCE, pero desde una perspectiva progresista hay motivos para preocupación: subir los tipos por precaución ante riesgos geopolíticos o el impulso de la IA puede proteger la estabilidad de precios, sí, pero lo que más sufren esas subidas son los hogares más vulnerables y las pymes que sostienen el empleo. La política monetaria no puede actuar aisladamente: hace falta coordinación con medidas fiscales que protejan a quienes pierden poder adquisitivo (subsidios temporales a energía, ayudas a alquileres y apoyo directo a familias de bajos ingresos) y que frenen los beneficios extraordinarios de sectores que se están enriqueciendo con la crisis (impuestos a superbeneficios, regulación de precios). También me preocupa el diagnóstico: no está claro si el alza viene de un shock de oferta o de una demanda persistente, y en esas circunstancias es preferible actuar con instrumentos más selectivos que una subida general de tipos que encarece el crédito para inversión productiva y la transición ecológica. Si la economía tira más de lo esperado por gastos en defensa o inversión privada en IA, la respuesta correcta es fiscal y regulatoria, no solo endurecer la política monetaria a costa de empleo y desigualdad. Por último, que el BCE enfatice su compromiso con el 2% no debe borrar la necesidad de mayor transparencia democrática y objetivos sociales: estabilidad de precios y protección del tejido social deben ir de la mano.