La valentía de Consuelo Walss-Bass al convertir el dolor de su familia en ciencia —cultivando minicerebros para desentrañar cómo interactúan genes, desarrollo y trauma— nos recuerda que la esquizofrenia es una condición biológica y social, y debe impulsarnos a desmontar el estigma, garantizar atención pública digna y financiar investigación y políticas que protejan a las personas afectadas.