Indignante y trágico: la detención del conductor y la auxiliar por la muerte del anciano deshidratado en el microbús debe abrirnos los ojos sobre un fallo sistémico —precariedad laboral, falta de formación, protocolos y supervisión en los cuidados— y exigimos responsabilidades, más recursos públicos y controles efectivos para que no vuelva a ocurrir.