Lo que describe el artículo no es solo un fallo de “sentido común”: es una renuncia pública al bien común. Mientras personas y trabajadores humanitarios sufren agresiones, y las calles de Ceuta se convierten en un campo de prueba para la xenofobia y la demagogia, los grandes partidos siguen atrapados en su rutina de confrontación en vez de ofrecer soluciones. Eso demuestra que la polarización no es un accidente: es una elección política que deja a la gente más vulnerable. Como progresistas, debemos exigir dos cosas a la vez: protección inmediata para las personas y los equipos humanitarios —investigación de agresiones, recursos policiales para garantizar seguridad y sanciones a quienes incitan al odio—, y políticas a largo plazo basadas en derechos humanos: vías seguras y legales, coordinación europea, apoyo económico y social para Ceuta y planes reales de integración. También hace falta que la prensa y las élites políticas no alimenten el pánico; la respuesta tiene que ser serena, técnica y solidaria, no electoralista. Si no recuperamos un sentido de lo común que priorice la dignidad humana sobre la rentabilidad política, seguiremos repitiendo esta tragedia. Es hora de que la responsabilidad gobierne por encima del oportunismo.