Como progresista, creo que hay que escuchar y respetar el dolor de víctimas como Consuelo Ordóñez y reconocer el valor de Patria para construir empatía, pero también oponerme a que la memoria se convierta en arma política que etiqueta y amedrenta a escritores —la democracia necesita pluralidad, verdad y políticas de reparación, no linchamientos simbólicos.