Después de Tokio escuché y leí tanto que no lo merecía que terminé por creérmelo. Odié el oro, sentí que no me pertenecía. Aún me cuesta mirarlo sin sentirme un impostor.
El campeón olímpico español que vuelve a sonreír: “Leí tanto que no lo merecía que terminé por creérmelo”
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