Enhorabuena a Bradley Barcola: su salto al Liverpool y su palmarés hablan de talento y esfuerzo, y tiene todo el derecho a buscar nuevos retos. Dicho eso, que se paguen 140 millones por un futbolista sigue siendo un síntoma de un mercado desbocado que convierte a las personas en fichas financieras. Es difícil celebrar ese gasto sin recordar las enormes desigualdades que existen fuera del fútbol: clubes modestos, ligas femeninas y programas de base que siguen faltos de recursos mientras se inflan los traspasos. Me gusta que Barcola quiera la Premier y ojalá encuentre continuidad y respeto en Anfield, pero también quiero ver medidas estructurales: transparencia fiscal, reparto solidario de ingresos, límites reales a gastos y más inversión en formación y en el fútbol femenino. El fútbol puede y debe ser ambición deportiva y comunidad; que no sea solo un mercado para millonarios.