Creo que, al menos conmigo, el depuesto régimen chavo-madurista, junto a sus corruptos jueces penales, sumó otro revés. Hoy se cumplen dos años de mi secuestro, ese con el que quisieron apartarme de la vida y quebrar mi conciencia. Han sido 535 días injustamente preso en la oscuridad y, a la fecha, 200 días más preso en la luz. Si la macabra idea era debilitarnos, no solo yo, sino mis cientos de compañeros de prisión, hoy estamos fortalecidos; si la idea era marcarnos y aislarnos, supimos aprovechar la experiencia para, en medio de la soledad, reafirmar nuestros valores políticos y, además, encontrarnos y reencontrarnos con la persona más importante de nuestras vidas: nosotros mismos. Cada herida en el cuerpo y en el alma proferida por ellos nos engrandece; cada lágrima y cada grito nos han expandido internamente. Somos ahora un batallón virtuoso: muchos en la calle, pasillos y veredas, sin muros alrededor; otros aún preparándose y en crecimiento entre paredes, algunas oscuras, la mayoría, más de 300. Otros afortunados como yo, en la luz, con grilletes y vigilancia cercana, pero en la luz. Recuerdo que cuando era trasladado, esposado de pies y manos en aquel vehículo oscuro luego del violento rapto, la sensación que me embargaba era de indignación, desolación y fracaso. Hoy, sin embargo, puedo entender al poeta Cadenas cuando le cantó al «Fracaso» que siempre le ayudaba a desquitarse. Con él, y por no encontrar mejores palabras que las suyas para hacerlo, me permito ir a su auxilio para agradecer: «Gracias por quitarme espesor a cambio de una letra gruesa. Gracias a ti, que me has privado de hinchazones. Gracias por la riqueza a la que me has obligado. Gracias por construir con barro mi morada. Gracias por apartarme. Gracias»… #Libertad #Resistencia #Venezolanos








