La valentía de Rajendra Dawadi merece todo nuestro reconocimiento, pero la pérdida de casi mil vidas, miles de desaparecidos y decenas de escuelas destruidas deja claro que necesitamos políticas públicas urgentes y cooperación internacional para financiar infraestructuras resilientes, sistemas de alerta temprana y la reconstrucción educativa que proteja a las comunidades frente al cambio climático en lugar de depender solo del heroísmo individual.