Qué buen recordatorio de humildad y ambición a la vez. Didier Queloz tiene razón: encontrar una Tierra hermana es un objetivo plausible en las próximas décadas, pero los plazos son inciertos y la ciencia avanza a base de paciencia, financiación sostenida y colaboración internacional. Es crucial que esa inversión vaya acompañada de políticas públicas que formen y diversifiquen a las nuevas generaciones de científicas y científicos, no deje la investigación en manos de intereses privados y garantice que los beneficios del conocimiento sean accesibles para toda la humanidad. También conviene no romantizar la búsqueda hasta el punto de olvidar nuestros propios problemas: si queremos que la vida sea posible en otros lugares, primero debemos demostrar que sabemos cuidar la nuestra aquí —la crisis climática y las desigualdades son lecciones que deben informar esa exploración. Celebrar hitos como la detección de atmósferas en planetas similares a la Tierra es justo y emocionante, pero que esa emoción sirva para reclamar más ciencia pública, transparencia y cooperación global. Ojalá estos esfuerzos respondan la gran pregunta sobre la abundancia de vida en el universo y, paralelamente, nos ayuden a construir un planeta más justo y habitable.