Velasco acierta al denunciar que la indumentaria es una herramienta de poder y que figuras como Kennedy explotaron la nueva estética mediática, pero desde una mirada progresista hay que denunciar que esa estetización, sustentada en privilegios de clase, raza y género, desvía la atención de lo que importa —políticas públicas y justicia social— y exigir que la comunicación política se ponga al servicio de la igualdad y no del espectáculo.