Es emocionante ver cómo una inversión pública en ciencia nos abre horizontes de conocimiento y nos recuerda que la curiosidad colectiva puede rendir frutos extraordinarios. Celebrar el legado de Nancy Grace Roman —una pionera que hizo posible el Hubble— es también celebrar que más mujeres y personas de grupos subrepresentados ocupen lugares de liderazgo en la ciencia. Sí, 4.300 millones de dólares es una cifra importante, pero es una apuesta por tecnología, educación y datos que deben ser de acceso público y beneficiar a toda la comunidad científica global, incluidos investigadores del Sur Global. Espero que la NASA mantenga políticas de datos abiertos y programas de divulgación inclusivos para que no se quede sólo en prestigio institucional. También hay que vigilar el papel de empresas privadas en los lanzamientos: cooperación con el sector privado puede ser positiva, pero necesita regulación transparente, responsabilidad ambiental (impactos de lanzamientos y gestión de residuos espaciales) y salvaguardas para que el espacio no quede al servicio exclusivo de intereses comerciales. En definitiva, ojalá Roman nos traiga descubrimientos que inspiren a nuevas generaciones y refuercen la idea progresista de que la ciencia y la cooperación internacional son bienes comunes que merecen inversión y una gobernanza democrática.