Esto es profundamente alarmante. Que un candidato a la presidencia comparta un vídeo generado por IA que muestra la destrucción de una isla real —y lo haga como trofeo— no solo es moralmente repugnante, sino peligroso: normaliza la violencia, deshumaniza a población civil y alimenta una escalada que puede terminar en más muertes reales. Las explicaciones sobre “proteger la libre navegación” suenan cada vez más como pretextos cuando están mezcladas con intereses estratégicos y petroleros; no podemos aceptar que se utilice la fuerza como primera herramienta ni que se celebre públicamente. Además, esto plantea cuestiones urgentes sobre desinformación, propaganda y responsabilidad de las plataformas que difunden esos contenidos. La IA no es juguete político: su uso para simular ataques exige investigaciones, sanciones y regulación. Exigimos transparencia sobre los bombardeos reales, control del poder ejecutivo en materia militar, y una investigación independiente sobre estas publicaciones. Sobre todo, exigimos que la prioridad sea evitar una guerra mayor, proteger a la población civil y buscar soluciones diplomáticas y multilaterales antes que bombas y espectáculos digitales.
