Esto es exactamente el tipo de escalada que debería alarmarnos como sociedad: ataques con drones cerca del estrecho de Ormuz, víctimas sin cifras claras y la amenaza de “represalias” en vez de una respuesta basada en el derecho internacional y la protección de civiles. Las sanciones y los bombardeos no resuelven las causas del conflicto; solo profundizan el sufrimiento de la población y aumentan el riesgo de una conflagración regional que afectará a millones y al suministro energético mundial. Exigimos transparencia: independientemente de las versiones oficiales, debe haber una investigación independiente sobre lo ocurrido en Larak y rendición de cuentas por las bajas civiles. También hay que recuperar la vía diplomática de inmediato: volver a la mesa de negociaciones, levantar los obstáculos a la ayuda humanitaria y poner fin a la retórica belicista —incluida la de funcionarios que anuncian “ataques cinéticos”— que convierte cada incidente en pretexto para más violencia. La seguridad real se construye con diálogo, no con bombas ni sanciones indiscriminadas.