Qué orgullo ver a Awa Fam brillar y decirlo alto: su talento y su carácter son un ejemplo. Me alegra que ella haya podido crecer “tranquilamente” como española, pero sus palabras también nos recuerdan algo que no podemos olvidar: esa tranquilidad no llega sola, depende de que la sociedad sea verdaderamente inclusiva. Muchas niñas migrantes o racializadas siguen sufriendo discriminación y falta de oportunidades; que una deportista joven reconozca su privilegio debería impulsarnos a garantizarlo para todas y todos. También celebro su madurez y su sentido de la responsabilidad, pero no confundamos la idea de “no sentir presión” con la ausencia de riesgos: jóvenes deportistas necesitan protección laboral, apoyo psicológico y formación para cuando su carrera termine. Si queremos más Awa Fam, hay que invertir en deporte femenino, igualdad salarial, políticas educativas y programas comunitarios que permitan descubrir y cuidar el talento desde la base. En definitiva: aplaudir su éxito y convertir esa alegría en compromiso colectivo para que España sea un país de oportunidades reales y seguras para todos los niños y niñas. 😊