las instituciones, los medios y los individuos a adaptarse por adelantado a lo que creen que querrá el nuevo poder, sin que nadie se lo pida. Esa adaptación silenciosa —los medios que suavizan la crítica, los políticos que ya se alinean, los académicos que prefieren el silencio prudente— es la que convierte una amenaza en una realidad. Los autócratas no conquistan las instituciones: las instituciones se entregan. Snyder también distingue entre la política de la inevitabilidad —la ilusión liberal de que la democracia avanza sola hacia adelante— y la política de la eternidad: el mito del pasado glorioso, el pueblo homogéneo y amenazado, el enemigo interno que lo explica todo. Cuando la primera promesa se rompe —y el liberalismo la rompió— el espacio es ocupado automáticamente por la segunda. De la Espriella opera exactamente en ese registro: no ofrece un programa, ofrece un mito. Y su advertencia más célebre merece repetirse en cada aula universitaria: como dice Snayder, la posverdad es el prefascismo. Quien controla el lenguaje, controla la realidad. Quien controla la realidad no necesita suprimir las elecciones: le basta con vaciarlas de contenido. Ese es exactamente el patrón que Levitsky y Ziblatt documentaron en Cómo mueren las democracias: estos líderes no llegan con tanques sino con urnas, y desde adentro colonizan las instituciones que los trajeron al poder. No destruyen la democracia de un golpe: la erosionan gradualmente. Cooptan las cortes, capturan la fiscalía, asfixian a la prensa independiente. De la Espriella tiene abiertas demandas contra más de veinte periodistas. Convierte la polarización en estrategia, no en consecuencia. La forma sobrevive: el contenido muere. Pero como toda franquicia exitosa, esta responde a una necesidad real. El liberalismo hizo promesas que no cumplió —lo advirtió Bobbio hace cuarenta años. Prometió igualdad y entregó desigualdad creciente. Prometió deliberación y produjo captura corporativa del Estado. Prometió ciudadanos activos y cosechó apatía y clientelismo. En ese vacío secular y acumulado crecen los De la Espriella del mundo. No son la enfermedad: son la fiebre que indica que el cuerpo ya estaba enfermo. El neoliberalismo agravó todo eso: la deriva desde el liberalismo político hacia el fundamentalismo de mercado destruyó los lazos de solidaridad que hacen posible la vida democrática. Colombia tiene además su propio antecedente. En 2009, el presidente Uribe proclamó, frente al entonces príncipe Felipe de Borbón, que “el estado de opinión es la fase superior del estado de derecho”—la voluntad popular directa por encima de la norma escrita, de los jueces, de los contrapesos institucionales. Las cortes lo detuvieron entonces. Pero el virus quedó en el ambiente. De la Espriella es su variante más evolucionada: ya no necesita teorizar el principio, le basta con practicarlo. Los drones, la pólvora, el show en tarima son el estado de opinión hecho espectáculo. Y detrás del espectáculo, el mismo proyecto: un hombre, una voluntad, un pueblo homogéneo y mítico que lo respalda. Un candidato que declaró que “la ética no tiene nada que ver con el derecho”, que defendió al testaferro de Maduro, que amenaza a quienes lo cuestionan, que importó su programa de Buenos Aires y Madrid, no representa una alternativa al sistema que falló. Representa su versión más cínica: el mismo poder concentrado, pero sin la hipocresía de fingir que le importa el bien común. El populismo de derechas acierta en el diagnóstico —las élites fallaron, el sistema está roto— y pudre la cura. Pretende curar la enfermedad matando al paciente. Bukele no resolvió la desigualdad estructural de El Salvador: concentró el poder y dejó al país más vulnerable. Milei prometió destruir el Estado que fallaba y está destruyendo también el Estado que protegía a los más débiles. Orbán llevaba quince años gobernando y Hungría es más desigual y menos libre que cuando llegó. En todos los casos, el diagnóstico era parcialmente correcto. #Democracia #Populismo #Posverdad
Se han perdido vidas no solo por el fracaso del Estado secuestrado en manos del chavismo, sino que también ha fracasado para salvar vidas toda su burocracia "comunal" que se inventaron durante años para el control social y político de la población. Todas las ofertas de organización del falso "Estado comunal" han servido para reprimir a la disidencia y para mantener clientelismo político, pero no para rescates, generación de estadísticas, atención primaria y ni siquiera la más mínima organización en una emergencia. Hoy los equipos de salvamento deben ir tanteando porque no hay información de calidad. Un momento como este lo revela. Si quieren el listado de nombres inútiles, este es uno parcial que quedará para la historia de la vergüenza de cómo acabaron las instituciones, crearon nombres de propaganda y dejaron al Estado en ruinas: - Equipo de comunidad Unidades de Batalla Bolívar Chávez (UBCh) - Representante de la Comuna - Miembro de los Consejos Comunales - Bases de Misiones Socialistas - Gas comunal - Patrulla de Movimientos Sociales - Círculos de Lucha Popular (CLP) - Agenda Concreta de Acción (ACA) - Gobierno de Calle - Áreas de Salud Integral Comunitarias (ASIC) - Gran Misión Abastecimiento Soberano - Misión Barrio Adentro - Casas de Alimentación (ya cerradas) - Red de Articulación y Acción Socio Política (Raas) - Plan Zamora 200 - Fuerzas de milicias bolivarianas - Reservistas - Informante de los Cuadrantes de paz - Comité de Control Ciudadano (CCC) - Consejos Locales de Abastecimiento y Producción (Clap) - Jefe de calle - Miembro de colectivo... Y de pronto todo desapareció en las primeras 48 horas de la tragedia. #Venezuela #CrisisHumanitaria #Chavismo
O artigo discute como a corrupção no alto escalão do governo espanhol, exemplificada pela condenação do ex-ministro José Luis Ábalos, revela um problema estruturante de clientelismo e de degradação da confiança nas instituições, alertando para a necessidade de colaboração na investigação e a normalização de práticas de nepotismo que afetam a justiça e a igualdade de tratamento dos cidadãos. #Justiça #Corrupção #Clientelismo
A nadie en la fuerza pública de Colombia se le ha retirado sino por solicitud propia o violación de Derechos Humanos, por participación en política o por indicios de corrupción, es lógico que el voto por Abelardo representaba un regreso a las líneas de Zapateiro y Vargas a la Fuerza pública, que considero que no representan una ideología determinada sino un actividad de asociación para delinquir con graves afectaciones al derecho humano. Retrocedimos lo avanzado, cuando teníamos el más alto nivel de valoración de las fuerzas armadas y policiales por la sociedad en algo tan importante para la vida colombiana. Así que volvemos al pasado más oscuro, y con un agravante: la pérdida de la soberanía nacional, la fuerza aérea será compartida entre Colombia y EEUU y lo que vienen son misiles sobre campesinos y minería del oro. Algo así como el pillaje. Cómo dije públicamente la mayor inseguridad es que se fortalezcan las relaciones de complicidad entre oficiales de la fuerza pública y las organizaciones armadas ilegales del narcotráfico, eso vuelve a aparecer hoy. Es el mayor peligro para la nación. El estatus de ciudadano de los EEUU del presidente Abelardo nos lleva dos siglos y medio atrás: al virreinato. Ei virreinato fue un sistema económico y social cimentado en la esclavitud y la servidumbre. Con la reducción del gasto público no habrá una superación del déficit presupuestal sino la quiebra de la economía nacional. Se destruirá el avance del capitalismo y se destruirán miles de empresas para regresar al extractivismo y la gran hacienda. El hambre y el desempleo aumentarán, está será la mayor aportación a lo que será una posible revolución en Colombia. Solo hay que esperar que la mentira del tigre desaparezca pues no hay tigres en América y que las mismas personas que votaron por Abelardo sientan las consecuencias de su voto en su propia vida familiar. Socabar el principio de la soberanía nacional es destruir a la nación y por eso retrocedemos hasta la.época del virreinato, cuando íbamos impulsados y poniéndonos en la vanguardia del siglo XXI. Es una victoria pírrica que igual hubiera sido si ganamos, porque creo que ganamos, pero ambas serían victorias pírricas y nadie gobierna realmente con una victoria pírrica. La apuesta correcta es un acuerdo nacional y preservar la soberanía nacional Si no se hace el acuerdo, gran paradoja nacional, Abelardo podría construir realmente, las bases de una revolución popular en Colombia. De las reformas se pasaría a la revolución. Un filo de la navaja tan peligroso que cualquier error desencadena la violencia social y política. Y así están las cinco repúblicas de Bolívar. Por eso creo que se puede intentar el acuerdo nacional y por la presencia directa del apoyo financiero y político del gobierno de los EEUU que no solo pusieron como candidato a un ciudadano de los EEUU, sino que controlan directamente los softwares de, ni más ni menos, los sistemas de defensa de ataques desde el exterior al software vulnerable de los hermanos Bautista. Nunca tuvimos un sistema electoral tan vulnerable como el que tenemos hoy. Un sistema al servicio de uno de los candidatos. Por eso no trajeron los votos del exterior, porque es uno de los pilares del triunfo de Abelardo, ciudadanos en gran cuantía que fueron al mundial votando siete veces en las urnas y jurados que no son residentes en los países extranjeros sino que fueron llevados desde Colombia, con lo cual se anula la votación de las mesas. No hubo escrutinio cuando no se tramitaron el 90% de las reclamaciones del Pacto. Estamos ante un enorme problema de la nación: o entregan el gobierno al clientelismo del congreso y la fuerza pública a los EEUU y al crimen, o hacemos un acuerdo nacional fundamental en el que tiene que participar el presidente Donald Trump personalmente porque decídió participar de frente en las elecciones de Colombia y esa es la mayor causal constitucional para que se anulen las elecciones. #Colombia #DerechosHumanos #SoberaníaNacional
Si las políticas de género y LGTBI son una “línea roja” para @NunezFeijoo , entonces el problema no es solo Sánchez, sino un sistema que el propio PP tampoco quiere desmontar. Nada va a cambiar: seguiremos con leyes que generan desigualdad, con el clientelismo y con la compra de votos a golpe de subvención. Sí esas políticas son intocables, la supuesta alternativa se reduce a un simple relevo de siglas: cambiar de LA MAFIA a LA ESTAFA para que todo siga prácticamente igual. #Igualdad #DerechosHumanos #Política
El fiscal Fernando Bermejo ha presentado un informe contundente en el juicio a la familia Pujol, argumentando que su discurso de Espanya ens roba es contradictorio con su red de clientelismo y prácticas de fraude fiscal, situando al expresident en la cúspide de una organización criminal que perjudicó a la sociedad catalana, y solicitando penas de cárcel para varios miembros de la familia. #CasoPujol #CorrupciónPolítica #FiscalíaAnticorrupción
