Ayer en el Senado, un teniente general, DAO de la Guardia Civil, corroboró ante toda España la denuncia que @PoliciaSXXI convirtió en lema: Un modelo policial diseñado para proteger estructuras de poder y discursos políticos, y no ciudadanos. La frase con la certificó nuestra denuncia fue lapidaria: " Yo me debo a quien me designa". Con esa frase, no sólo perdió el poco honor que le quedaba, sino que dejó claro el peligro de formar cuadros de mando desde una perspectiva política, que no conocen la diferencia entre Estado y gobierno, y por lo tanto nos llevan al abismo de la democracia, allí donde los tiranos se hacen fuertes, porque controlan todas las herramientas del poder. Lo anterior, no sólo ha pasado en la GC, también en la PN, la fiscalía y tantas otras instituciones. Es fundamental para el éxito de la operación que te lleva del poder al poder absoluto, la figura de la libre designación, donde la persona al frente de la institución, debe todo a aquel que la nombró, por encima del mérito y la capacidad, llevándonos a una mediocracia mucho más fácil de corromper, por ausencia de principios y valores. Mediocre no viene de malo, viene de medio; es decir, las personas nombradas no son imconpetentes, son eficaces para conseguir el fin que se persigue. Obedecen por regla y no disienten. Saben que siendo buenos siervos, se mantendrán en lo más alto, con estatus y poder. Es por todo lo anterior por lo que, como venimos exponiendo desde hace diez años, las cúpulas policiales no hay que renovarlas, hay que transformar el sistema de provisión de mandos y los procesos de liderazgo, porque quienes han sido parte del problema, no pueden ser parte de la solución. #Democracia #Policia #Corrupcion








