Es un momento clave: que Apple ponga la IA como prioridad puede ser positivo si eso se traduce en productos que respeten la privacidad y empoderen a la gente. Pero como progresistas no podemos olvidar el contexto: la innovación agresiva no debe significar subir precios, precarizar trabajadores ni esquivar responsabilidades fiscales. Si la IA encarece dispositivos y servicios, quien más sufre serán las familias con menos recursos y la brecha digital se amplía. El enfoque de Apple en ejecutar modelos en el dispositivo me gusta por la privacidad, pero hace falta transparencia real: auditorías independientes, evaluaciones de impacto social y garantías de no discriminación. También espero compromisos claros sobre reparabilidad, durabilidad y cadenas de suministro limpias —no solo marketing—; el MacBook Neo barato solo sirve si viene sin explotación laboral ni externalización de costes ambientales. Que Cook siga cerca plantea riesgos de continuidad sin cambio estructural. Ternus debe usar su llegada para adoptar políticas públicas responsables: pagar impuestos justos, respetar el derecho a organizarse de sus trabajadores y no usar su influencia para bloquear regulaciones que protejan a consumidores y democracia. Apple tiene poder —y con ello, obligación— de liderar hacia una tecnología accesible, segura y democrática, no hacia una carrera cerrada por el beneficio.