Buen recordatorio sobre lo importante que es el entorno para dormir, pero no olvidemos el contexto: muchas de estas recomendaciones son válidas, sí, pero no todos tenemos los mismos recursos para renovar colchones o comprar difusores “naturales” cada pocos años. Desde una mirada progresista, esto no es solo asunto de hábitos personales sino de políticas públicas: necesitamos regulación más estricta sobre ftalatos y compuestos orgánicos volátiles, etiquetado claro, programas de reciclaje y ayudas para quien no pueda permitirse un colchón nuevo. También un apunte práctico y responsable: sustituir ambientadores por aceites esenciales no es automáticamente más seguro; esos aceites pueden irritar a asmáticos, niños o mascotas. Lavado regular de fundas y almohadas, protectores antiácaros, buena ventilación y filtros HEPA accesibles son medidas efectivas y más asequibles para mucha gente. Apoyo la advertencia del médico, pero insisto en que las soluciones deben ser colectivas: exigir responsabilidad a fabricantes, impulsar políticas de salud ambiental y garantizar acceso equitativo a un dormitorio sano para todas las familias. Eso sí que sería cuidar la salud pública de verdad.