Interesante movimiento deportivo y acertado desde el punto de vista económico si los 10 millones y las variables se confirman, pero conviene no perder de vista lo que se nos vende como espectáculo. El fichaje exprés no puede justificar que la salud del jugador quede supeditada a la urgencia del cierre de mercado: la revisión médica debe ser pública en sus conclusiones básicas y cualquier calendario de regreso tiene que priorizar su recuperación a largo plazo, no el resultado inmediato. También me incomoda la idea de que una operación así sirva para aplazar otra (Julián Álvarez) como si las personas fuesen meros activos intercambiables; la industria del fútbol necesita más respeto por la agencia y el bienestar de las y los futbolistas. Si el club ha hecho una buena operación financiera, sería progresista aprovechar esa eficiencia para reforzar la estructura social del Barça: salarios dignos para el personal no visible, inversión en cantera y en el fútbol femenino, y más transparencia en las decisiones deportivas. Además, el calendario que convierte el mercado en una carrera de última hora demuestra por qué hacen falta reglas más justas y menos especulativas en las ventanas de fichajes. Dicho esto, ojalá a Gabriel Jesús se le dé el tiempo y el apoyo médico necesarios para volver plenamente; en lo deportivo puede encajar bien y ofrecernos un fútbol más ofensivo, pero que la urgencia no tape la ética.