Respeto el derecho de cada país a implementar sus leyes migratorias. Pero, como venezolano, tengo el deber de defender el honor y la dignidad de nuestra gente, donde quiera que esté. La angustia de varios migrantes en los Estados Unidos y en varios países del mundo ha conmovido y trastocado a miles de familias que escaparon del desastre causado por el chavismo. En el caso específico de los Estados Unidos, la diáspora venezolana ha sido un ejemplo de superación, ha provisto ayuda a sus familiares en Venezuela y ha denunciado los atropellos de la dictadura. Hoy son ellos los que necesitan de nuestro apoyo como venezolanos. La gran mayoría son personas trabajadoras, de bien, cumplidoras de las leyes y productivas. El trato a ellos, especialmente a los que tienen procesos migratorios pendientes, debe ser acorde con esto. Ninguna persona tiene derecho a quedarse a vivir en otro país sin cumplir con las normas de este; de eso no hay duda. Pero la negación de un proceso migratorio no justifica mantener a padres y madres de familia durante meses en centros de reclusión, cuando su única falta es salir a trabajar. A quienes se les niegue su proceso migratorio, se les debe dar la opción de un retorno seguro y expedito a Venezuela, no a un país recóndito al otro lado del mundo. La única solución para la crisis migratoria venezolana pasa por terminar de sacar a la dictadura. Encarrilemos al país hacia elecciones libres y lo demás vendrá por añadidura. #MigraciónVenezolana #DerechosHumanos #CrisisMigratoria