Todos aquellos dirigentes de izquierdas que están más preocupados por conservar su sillón y garantizar su permanencia que por combatir el auge del fascismo y defender la fragilidad de nuestra democracia serán recordados como merecen. Como traidores a su gente. A su pueblo. Y a los principios que un día dijeron defender. Porque cuando la democracia está en juego, mirar hacia tu negocio también es una forma de tomar partido. La historia no suele ser indulgente con quienes, pudiendo estar a la altura, eligieron proteger su cargo antes que defender a los suyos. No olvidaremos a quienes abandonaron el barco. #Democracia #Fascismo #Izquierda