Es cierto que la mala gestión en Ceuta ha castigado electoralmente al Gobierno, pero desde una perspectiva progresista es inaceptable que esa crisis se traduzca en rédito para la extrema derecha: hace falta autocrítica y rendición de cuentas, políticas humanitarias y cooperación europea que protejan derechos y no criminalicen ni instrumentalicen a las personas migrantes.